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El dominio imparable de Avatar: Fuego y Cenizas en un 2025 de récords y contrastes cinematográficos

El año 2025 ha bajado el telón con una victoria contundente para la industria cinematográfica. A lo largo de los últimos 365 días, la taquilla doméstica norteamericana logró superar los registros de 2024 por aproximadamente 83,6 millones de dólares. Si bien las cifras generales se mantuvieron por debajo del fenómeno “Barbenheimer” de 2023 —que alcanzó un total de 8.900 millones—, los 8.650 millones recaudados este año representan el segundo mejor total que las salas han visto desde la pandemia.

Aunque las fiestas navideñas han concluido, la batalla por la recaudación continúa para los estrenos de 2025, que buscan igualar el rendimiento de los dos años anteriores. Este fin de semana, el último antes de la vuelta escolar, ha marcado un hito: ha sido el mejor fin de semana de enero desde la festividad de Martin Luther King en 2020, justo antes de que el mundo cambiara dos meses después.

El coloso de James Cameron y las cifras del éxito

En el centro de todas las miradas se encuentra Avatar: Fuego y Cenizas. Tras tres semanas en cartelera, la cinta se mantiene inamovible en el número uno y tiene todas las papeletas para encadenar una cuarta semana consecutiva en la cima. En las listas históricas, ocupa el puesto 41 tras solo 17 días de proyección, acumulando 306 millones de dólares en el mercado doméstico. Su tercer fin de semana ha sido el 26º mejor de la historia con 40 millones, unas cifras que demuestran una salud de hierro.

La superproducción, con un presupuesto reportado de más de 400 millones, ya ha cruzado la barrera de los 1.083 millones de dólares a nivel mundial. Es la cuarta película consecutiva de James Cameron en lograr tal hazaña, y las especulaciones apuntan a que superará los 1.500 millones, consolidándose como otro éxito histórico para el director. Solo cinco películas en la historia no lograron alcanzar los 400 millones domésticos tras haber llegado a los 300 en 17 días, y ninguna de ellas tuvo un tercer fin de semana tan potente como el de esta entrega.

La competencia animada y el cine de autor

No solo de Pandora vive el cine. Zootrópolis 2 (Zootopia 2) está causando su propio oleaje en las listas. Tras 40 días, se posiciona actualmente como el estreno de animación de Disney (no Pixar) más taquillero de todos los tiempos, con 1.588 millones de dólares globales. Aunque Ne Zha 2 dominará el puesto mundial de animación gracias a su desempeño en el extranjero, la secuela de Disney sigue sumando y aspira a entrar en el selecto club de los 400 millones en el mercado local.

Por otro lado, 2025 vio 19 películas cruzar la marca de los 100 millones, rompiendo una mala racha de dos años. The Housemaid, de Paul Feig, y Marty Supreme, de Josh Safdie, buscan unirse a ese grupo. Esta última, producida por A24, ya ha recaudado 56 millones en 12 días de estreno nacional amplio y se perfila como la segunda nominada a Mejor Película con mayor recaudación, solo por detrás de Sinners.

Más allá de la taquilla: El espectáculo y la narrativa

Mientras las cifras financieras dibujan un éxito rotundo, el análisis del contenido de Avatar: Fuego y Cenizas sugiere una realidad más compleja. La última entrega de Cameron abre con una escena de asombro inocente: dos hermanos Na’Vi surcan los cielos de Pandora. Sin embargo, la maravilla visual esconde una tragedia, pues uno de los hermanos, Neteyam, está muerto. La conexión es posible gracias al vínculo espiritual del superviviente, Lo’ak, con la memoria del planeta.

En este tercer viaje a su edénico mundo, el conflicto ha escalado a una guerra total. La familia Sully, encabezada por un estoico Jake y una furiosa Neytiri, debe gestionar el duelo por la muerte de su hijo mientras se prepara para la batalla. Cameron introduce aquí a la “Gente de Ceniza” (Ash people), un clan de Na’Vi piromaníacos que, tras perder su hogar por una erupción volcánica, se alían con los humanos, presentando por primera vez amenazas tanto internas como externas para Pandora.

La crítica ante la alegoría de Cameron

A pesar de tocar temas épicos como la guerra, el duelo, la colonización y la calamidad medioambiental, la crítica señala que Cameron no logra escapar de una alegoría algo blanda. Los Na’Vi, ya de por sí una mezcla diluida de misticismo New Age e indigeneidad estereotipada, ven su representación aún más simplificada. La introducción de antagonistas nativos intenta complicar el tropo del “buen salvaje”, pero acaba subrayando la falta de profundidad en el retrato de los habitantes de Pandora.

La película cimenta la sensación de vacío que, para algunos, arrastra la saga. A través de nueve horas de metraje acumulado, la franquicia ha dependido de binarios rígidos: máquina contra organismo, alienígena contra nativo, ciencia contra magia. Aunque visualmente sigue siendo un portento —destacando los diseños de los “Comerciantes del Viento” con sus naves orgánicas estilo steampunk—, la narrativa rara vez busca matices intermedios.

La trama se convierte finalmente en un elaborado juego del gato y el ratón. Los Sully huyen del antagonista central, Quaritch, quien, irónicamente, empieza a sentirse cada vez más cómodo con el estilo de vida Na’Vi a pesar de su lealtad a la Tierra. Avatar: Fuego y Cenizas se confirma así como una paradoja: un éxito comercial indiscutible que sigue atrayendo a las masas a las salas, mientras lucha por ofrecer una profundidad narrativa que esté a la altura de su innegable espectáculo visual.