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La nostalgia televisiva y los universos paralelos de la ficción

Vivimos inmersos en una era donde las plataformas de streaming parecen empeñadas en funcionar como máquinas del tiempo. Es cada vez más habitual que los catálogos digitales recuperen éxitos pretéritos, buscando captar la atención de ese suscriptor nostálgico que anhela asomarse a una ventana al pasado. Estas reposiciones no solo nos recuerdan modas y costumbres ya olvidadas, sino que evocan a personajes que formaron parte de nuestra educación sentimental y cuyos intérpretes, inevitablemente, han cambiado con el paso de los años. Sin embargo, la historia de la televisión no se escribe solo con lo que se emitió, sino también con las decisiones de casting que nunca llegaron a materializarse.

El hito imbatible de la farmacia más famosa de España

Si hablamos de fenómenos sociológicos en nuestro país, es imposible obviar a Farmacia de guardia. Esta ficción, pionera como la primera serie de producción propia de Antena 3, se mantuvo en antena entre 1991 y 1995, convirtiéndose en el espejo costumbrista de una época. La trama, centrada en el ajetreo diario de una botica de barrio, estaba capitaneada por Concha Cuetos en el papel de Lourdes Cano y el inolvidable Carlos Larrañaga como Adolfo Segura, su exmarido y eterno galán truhán. Junto a ellos, Kike y Guille —interpretados por Miguel Ángel Garzón y Julián González— completaban el núcleo de una familia con la que millones de españoles tenían una cita ineludible cada jueves tras el telediario de las nueve.

Las cifras que maneja esta producción hoy día parecen ciencia ficción. La serie ostenta el título de la ficción más vista de la historia de España, promediando una cuota de pantalla del 48 % durante su emisión. Su despedida, el 28 de diciembre de 1995, paralizó literalmente el país: el último capítulo, de 50 minutos, congregó a más de 11 millones y medio de espectadores, alcanzando un estratosférico 62,8 % de share. Un récord de audiencia que se mantuvo invicto desde la llegada de las privadas en 1990 hasta la irrupción del fenómeno Operación Triunfo en 2002.

Michael Keaton y el “qué hubiera pasado” en Hollywood

Mientras en España la familia Cano cimentaba su leyenda, al otro lado del charco se cocinaban decisiones que cambiarían el rumbo de la televisión moderna años más tarde. Existe un universo alternativo donde Michael Keaton, un actor que brilla en cualquier registro, habría sido el rostro de Lost (Perdidos). Aunque el papel de Jack Shepard acabó catapultando a Matthew Fox, la realidad es que el plan original de J.J. Abrams era muy distinto. En una reveladora entrevista, Keaton confesó que estaba dispuesto a aceptar el papel bajo una condición muy específica: Jack debía morir al final del episodio piloto.

La idea original era impactar a la audiencia matando al supuesto protagonista nada más empezar. Sin embargo, cuando los guionistas decidieron mantener al personaje con vida para liderar la trama, Keaton optó por retirarse. No estaba dispuesto a comprometerse con una serie de largo recorrido que, a la postre, se extendió desde 2004 hasta 2010. Si bien Lost se convirtió en una de las series más influyentes y debatidas de todos los tiempos, para un actor que buscaba brevedad, quedarse atrapado en la isla durante seis temporadas habría sido una decepción, independientemente del éxito mediático.

El renacimiento artístico tras rechazar la isla

Analizando la trayectoria posterior de Keaton, su negativa a Lost parece haber sido una jugada maestra del destino. Es cierto que su producción durante la emisión de la serie no fue precisamente la cima de su carrera, pero esa libertad de agenda le permitió protagonizar un renacimiento tardío espectacular a finales de la década de 2010. Todo comenzó con Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) en 2014, bajo la batuta de Alejandro G. Iñárritu. La película, que narra la historia de un actor de superhéroes en decadencia buscando prestigio en Broadway, funcionó como un espejo casi meta-referencial de la propia vida de Keaton.

Si hubiera estado atado a los rodajes en Hawái, probablemente habría perdido la oportunidad de liderar Birdman, cinta que ganó cuatro premios Óscar y le valió una nominación a Mejor Actor. Este papel fue el catalizador para una racha de proyectos de prestigio como Spotlight y El fundador. Curiosamente, Keaton tuvo más tarde la oportunidad de resarcirse en la pequeña pantalla con Dopesick, el drama de Hulu sobre la epidemia de opioides, trabajo por el que finalmente consiguió el premio Emmy al Mejor Actor Protagonista. Además, su regreso al cine de superhéroes se materializó desde la otra orilla, interpretando al Buitre en Spider-Man: Homecoming, demostrando que se puede sobrevivir a no ser el héroe de la isla más famosa de la televisión y, aun así, triunfar en una de las franquicias más rentables del cine.